Apéndice “A”

El clamor de justicia de los mártires de la Tribulación

 

Apocalipsis 6:9-10 (RVR60) Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. 10Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?

¿Petición de justicia divina o de venganza personal?

El clamor por parte de los mártires de la Tribulación, tal como se registra en Apocalipsis 6:10, ha generado cuestionamientos en cuanto al carácter moral de la petición, ya que para muchos esta suena como un clamor nacido de una sed de venganza personal. Esto resulta contradictorio no solamente porque las Escrituras prohíben esta actitud sino también porque en este caso, se trata de santos que ya están en el cielo y que por esa misma razón ya deberían estar descansando en la paz y el gozo de la gloria y no estar aun guardando resentimientos en contra de aquellos que injustamente les quitaron la vida. ¿Cómo podemos justificar bíblicamente la petición de estas personas? En este apéndice, exploraremos algunas respuestas, así como también daremos un vistazo a pasajes de las Escrituras en los cuales se reclama que la justicia divina se manifieste sobre aquellos que han actuado injustamente y hasta el momento siguen viviendo en la impunidad.

El verbo vengar y sus vocablos relacionados en el griego aparecen quince veces en el Nuevo Testamento y se traduce como hacer justicia, retribución, vindicación, castigo, castigar, venganza, entre otros. En Romanos 12:19, así como en Hebreos 10:30, se citan las palabras del Señor registradas en Deuteronomio 32:35, cuando dijo, Mía es la venganza y la retribución.

Romanos 12:19 (RVR60) No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.

Hebreos 10:30 (RVR60) Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo.

Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamentos demuestran que cuando los creyentes fueron objeto de la maldad de los incrédulos, clamaron a Dios para que Él tomara la venganza.  En el contexto de Apocalipsis, la petición de venganza por parte de los mártires es vista como el quinto juicio sobre los pobladores de la tierra, cuyas consecuencias sobrepasan las de los cuatro juicios anteriores, ya que apuntan a la consumación futura del juicio de Dios.

El clamor de los mártires por la justicia divina tiene el mismo carácter del clamor del salmista a Dios para que vindique o salga en defensa de la santidad y la justicia divinas respondiendo a la injusticia y a la opresión características de la humanidad. Este concepto de la vindicación del pueblo de Dios mediante la justicia divina es un común, especialmente en las Escrituras del Antiguo Testamento.

Salmos 79:9-13 (NVI) Oh Dios y salvador nuestro, por la gloria de tu nombre, ayúdanos; por tu nombre, líbranos y perdona nuestros pecados. 10 ¿Por qué van a decir las naciones: ¿Dónde está su Dios? Permítenos ver, y muéstrales a los pueblos paganos cómo tomas venganza de la sangre de tus siervos. 11 Que lleguen a tu presencia los gemidos de los cautivos, y por la fuerza de tu brazo salva a los condenados a muerte. 12 Señor, haz que sientan nuestros vecinos, siete veces y en carne propia, el oprobio que han lanzado contra ti. 13 Y nosotros, tu pueblo y ovejas de tu prado, te alabaremos por siempre; de generación en generación cantaremos tus alabanzas.

El clamor del salmista no es de venganza personal sino para que por medio de la administración de la justicia, Dios ponga fin a la burla que los impíos hacen de Dios y de su pueblo diciendo, ¿Dónde está su Dios? La implicación es que si el pueblo de Dios está en servidumbre y oprobio a manos de los impíos es porque Dios no existe y si existe no es capaz de salvar a los suyos de las manos de sus perseguidores. Nótese que la petición es, por tu nombre, líbranos (v. 9) y la retribución a los impíos es por el oprobio que han lanzado contra ti (v. 12).

El clamor de los santos de la Tribulación proclama a Dios como santo y verdadero. Siendo que Él está totalmente separado de toda maldad e injusticia, los mártires ven en Él al único que puede vindicarles o restituirles por medio de la ejecución de justicia divina sobre aquellos que han actuado con gran injusticia contra ellos, por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. La muerte de ellos no fue motivada por causas personales sino específicamente por ellos haberse identificado con la palabra y el testimonio divinos. Por tanto, la retribución por la cual claman al Señor no constituye una venganza personal sino un clamor por la ejecución de la justicia divina sobre aquellos que matando a los santos, pretendieron destruir la palabra y el testimonio de Dios mismo.

Ese acto de justa retribución que reclaman los mártires es consistente con la naturaleza de un Dios que es santo y verdadero. Por lo tanto, es una retribución que con toda certeza habrá de llegar, por lo cual el interrogante de los mártires no es si los impíos habrán de ser juzgados sino ¿hasta cuándo? tendrán que esperar a que ese juicio tenga lugar. De tal manera que la motivación que impulsa el clamor de los mártires no es la de una venganza personal sino la de un anhelo de ver por fin realizada la justicia divina que ratificará de una vez y para siempre no solamente que Dios sí existe sino que también es justo y capaz de redimir a su pueblo de las injusticias de la humanidad incrédula.

Salmos 13:2 (RVR60) ¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma con tristezas en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?

Salmos 74:10-11 (RVR60) 10 ¿Hasta cuándo, oh Dios, nos afrentará el angustiador? ¿Ha de blasfemar el enemigo perpetuamente tu nombre? 11 ¿Por qué retraes tu mano? ¿Por qué escondes tu diestra en tu seno?

Salmos 94:1-5 (RVR60) 1 Jehová, Dios de las venganzas, Dios de las venganzas, muéstrate. 2 Engrandécete, oh Juez de la tierra; da el pago a los soberbios. 3 ¿Hasta cuándo los impíos, hasta cuándo, oh Jehová, se gozarán los impíos? 4 ¿Hasta cuándo pronunciarán, hablarán cosas duras, y se vanagloriarán todos los que hacen iniquidad? 5 A tu pueblo, oh Jehová, quebrantan, y a tu heredad afligen.

Habacuc 1:2-4 (RVR60) ¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? 3¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan. 4Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia.

Obviamente, el nombre y la justicia de Dios serán vindicados cuando las injusticias cometidas contra los suyos sean sometidas a su perfecta justicia. De no ser así, el carácter santo y justo de Dios quedaría en entredicho. Por esta razón, muchos académicos consideran que a pesar de que el pasaje de Apocalipsis 6 se refiere específicamente a los mártires de la Tribulación, la verdad allí contenida abarca a los santos mártires de todas las épocas, hasta que la ejecución de la justicia divina sea exhaustiva a la Segunda Venida de Cristo. Ellos estiman que la gloria de los santos solamente será completa cuando los enemigos de Cristo y de su Iglesia sean expulsados permanentemente y los santos que aun esperan la resurrección de sus cuerpos sean levantados incorruptibles de sus tumbas. Entonces, el reino milenario de Cristo será establecido en la tierra.

El apóstol Pablo les garantizó a los creyentes en Tesalónica, quienes sufrían persecución, que precisamente porque Dios es justo, un día Él pondrá en equilibrio la balanza de la justicia y les dará su justa retribución a quienes no respondieron en la obediencia de la fe al mensaje del Evangelio y que por lo tanto, se constituyeron no solamente en enemigos de Dios sino también de su pueblo.

2 Tesalonicenses 1:6-9 (RVR60) Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, 7y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, 8en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; 9los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder

Aquellos que al presente atribulan a los creyentes por causa de su fe serán atribulados cuando Jesucristo regrese. De igual manera, Dios les dará descanso a los creyentes que han sido injustamente perseguidos por sus enemigos. Esto en consistencia con la ley de la justa retribución establecida por Dios.

Gálatas 6:7 (RVR60) No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.

Esta es una esperanza que tienen no solamente los tesalonicenses o los santos de la Tribulación sino también todos los demás cristianos que están sometidos a las presiones y acosos por parte de los incrédulos que los persiguen solamente por causa de su fe.

El Libro de los Salmos contiene una cantidad de pasajes en los que sorprendentemente se invocan maldiciones y tragedias sobre los impíos y se expresa a Dios el clamor de justicia a favor de su pueblo. A estos salmos se les conoce como salmos imprecatorios. La definición de diccionario para imprecación es “expresión exclamativa con que se evidencia el deseo de que a alguien le ocurra algo malo.”[1] En el contexto bíblico, una imprecación es una invocación de juicio, calamidad o maldición pronunciada en contra de los enemigos de uno o de Dios. Sin embargo, es importante recalcar que una imprecación no es necesariamente equivalente a un acto inmoral o de maldad. El sentido correcto incluye la invocación de juicio, calamidad o maldición contra alguien. Tanto la invocación de maldición como el clamor de justicia divina son característicos de los salmos imprecatorios, de los cuales los Salmos 109 y 137 son los principales ejemplos.

Las imprecaciones contenidas en estos salmos son en contra de aquellos que son enemigos declarados de Dios y quienes se oponen a Él, a sus propósitos y a su pueblo de forma inexorable e implacable.

Los salmos imprecatorios siguen siendo objeto de estudio y análisis, así como de debate y controversia entre los académicos bíblicos y obviamente, el tema sobrepasa el alcance de este estudio. Pero vale la pena destacar el hecho de que las imprecaciones no son exclusivas del Libro de los Salmos ni siquiera del Antiguo Testamento. Además del caso de los mártires en Apocalipsis 6, el Nuevo Testamento presenta otros casos en los que se lanzan imprecaciones en contra de los enemigos del Evangelio, como lo ilustran los siguientes pasajes.

Hechos 8:20 (NVI) ¡Que tu dinero perezca contigo —le contestó Pedro—, porque intentaste comprar el don de Dios con dinero!

1 Corintios 16:22 (NVI) Si alguno no ama al Señor, quede bajo maldición. ¡Maranata!

Gálatas 1:8-9 (NVI) Pero aun si alguno de nosotros o un ángel del cielo les predicara un evangelio distinto del que les hemos predicado, ¡que caiga bajo maldición! 9 Como ya lo hemos dicho, ahora lo repito: si alguien les anda predicando un evangelio distinto del que recibieron, ¡que caiga bajo maldición!

Gálatas 5:12 (NVI) ¡Ojalá que esos instigadores acabaran por mutilarse del todo!

2 Timoteo 4:14 (NVI) Alejandro el herrero me ha hecho mucho daño. El Señor le dará su merecido.

En conclusión, el clamor de los mártires en Apocalipsis 6 no debe interpretarse como un deseo de venganza personal.  En cambio, debe entenderse como el clamor del pueblo de Dios que aguarda con gran expectativa el día en que la justicia divina le dé plena expresión a la ira de Dios, la cual caerá sobre aquellos que se resisten a Dios y persiguen injustamente a su pueblo. De tal manera que la respuesta al clamor de los mártires de la Tribulación, así como al de los mártires de toda la Historia, tiene una perspectiva escatológica.

Romanos 2:5 (RVR60) Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios…



[1] El pequeño Larousse ilustrado 2000.